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fuente: Costumbres Populares Conquenses
Nota del WebMaster.-
El presente texto debe enmarcarse en su época, por lo que se advertirán
posibles frases xenófobas, racistas, etc.
El WebMaster se limita a presentarlo, no identificándose necesariamente
con ninguna idea u opinión reflejada en éste. -------------------------------
Esta preciosa y romántica leyenda se remonta a la época de la
Reconquista de España. La tradición la sitúa a
finales del siglo XII o principios del XIII.
Entre las frecuentes escaramuzas
de moros y cristianos había intervalos de relativa paz.
Los dominios de ambos estaban a
veces tan cercanos, que había pueblos vecinos de cada bando. Y aun cuando
los cristianos conquistaban pueblos ocupados por moros, quedaban familias
viviendo en el mismo y conviviendo con los conquistadores.
Cada uno seguía su religión y
sus costumbres, si bien solían agruparse en barrios diferentes: barrio
moro y barrio cristiano.
Esto fue muy frecuente en tiempo
de la Reconquista.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*Una tarde, cierta doncella cristiana de noble
alcurnia paseaba a caballo con su dueña por las orillas del Záncara.
Tanto embelesaba a la joven el paisaje, que sin
darse cuenta, llegaron casi a los límites del poblado moro. Cuando vinieron a apercibirse del peligro que corrían,
los moros se les echaron encima, aprisionando a la doncella, que gritó a
su acompañante: - ¡Adelante, doña
Halda! ¡No os detengáis...! ¡Estoy cercada! Cuidad a mi anciano
padre... Sus últimas palabras se
perdieron en el viento.La joven doña
Elena fue apresada.- Buen rescate
valdrá - dijo uno de los que la prendieron -; pues dama principal es.
- Hija única de don Alonso de Mendoza y de Vergara,
dueño de estos contornos.- La vi
presidiendo el último torneo - replicó otro moro, que llegaba en aquel
instante -. Pero creo que el joven Alí preferirá esta joya a todo el oro
que por ella pudieran ofrecerle.
Era bien entrada la noche cuando la cautiva, en
medio de poderosa escolta, llegaba a la fortaleza mora. Al día siguiente
la llevaron a presencia del Caíd. Ya
se sabía por todo el castillo lo referente a la prisión de doña Elena y
su deslumbrante belleza y alcurnia. El
joven Alí, hijo del Caíd, quiso también verla, y al momento quedó
hechizado por la hermosura de la dama cristiana. Y
así se lo comunicó a su padre, para que se la diera por esposa. - Señora - dijo el Caíd -, si te haces mahometana,
te colmaré de honores y riquezas; serás la dama principal del contorno y
te daré por esposo a mi hijo Alí. -
No es posible, señor. En primer lugar, nunca renegaré de mi fe. Y, además,
tengo promesa hecha de entrar religiosa, porque desde niña me consagré
al Señor, mi Dios. - ¿Y de qué te
valdrá todo esto, siendo, como eres, mi prisionera ? -
Será lo que Dios disponga... - Si no
aceptas mis honrosas proposiciones, sabed que entre estos muros morirás.
Nadie puede ampararte. Tu anciano padre murió a raíz de tu cautiverio.
No tienes deudos cercanos que por ti se interesen. Además hice correr la
voz de que habías muerto. Acepta mi proposición. -
No me es posible. Ya os dije, señor. -
Entonces, ¿qué esperas...? - Lo que
Dios disponga. Ni ruegos ni amenazas lograron conmover a la
cautiva. Tras las contemplaciones vinieron los malos tratos, hasta que ya
el Caíd, desesperado ante la resistencia de la joven y la tristeza de Alí,
propuso al enamorado: - Si
voluntariamente no quiere ser tu esposa, tómala como esclava: es tuya. - De ninguna manera la tomaría contra su
voluntad... La encerraron en oscura
mazmorra; más Alí intervino y la cambiaron al último piso de la torre.El joven Alí salió para una empresa guerrera
contra los critianos, y el Caíd mandó se tapiara la puerta de la prisión,
para que así muriera de hambre y de sed. Varios meses habían pasado. Creía que había
llegado su fín. No volvió a ver a nadie. Solamente tenía comunicación
con el aire. Ya llevaba dos días
lapidada. El hambre que sentía era grande, pero era mayor la sed. Instintivamente fue a su cántaro, para ver si
quedaban algunas gotas. ¡Oh, prodigio! El cántaro que estaba vacío lo
encontró medio de agua.Con ansia
bebió aquel líquido milagroso, calculando no beber mucha para que más
le durara. Cayó de rodillas, dando
gracias al cielo por tan magnífico don. Así pasó la tarde: dando
gracias al cielo... Al amanecer del
tercer día oyó un ruido extraño: era un cuervo, que pugnaba por entrar
por entre los barrotes de su celda, llevando un pan alargado en el pico. Con inmensa alegría tomó el pan, regándolo con
sus lágrimas al dar gracias a Dios. Desde
aquel día ya no volvieron a faltarle ni el pan, que todas las mañanas al
amanecer le llevaba el cuervo, ni el cántaro de agua, conservando cada mañana
el mismo nivel. Una tarde, asomada a
su venta, vio tropel de moros acercarse. Creyó reconocer, cuando se
acercaban, al joven Alí, capitaneando las tropas árabes. Mas
en esto, un escuadrón de cristianos les salieron al encuentro. Suenan añafiles
y tambores. Despliegan los moros el estandarte verde del profeta, donde
campea la media luna... Las cornetas
de ataque de los cristianos llaman a combate. El
estandarte morado de Castilla flota orgulloso al viento. Sobre él va la
insignia de la Santa Cruz. Se traba
un violento combate. Apercibidos los de la torre, envían refuerzos; pero
antes de que llegaran, un ejército cristiano les cierra el paso, destrozándolos
por completo. Empezaron a replegarse
y a defenderse desde la fortaleza donde estaba doña Elena. Las flechas
llovían por todas partes; pero la cautiva no se apartaba un instante de
su atalaya. Una flecha le atravesó
el hombro y cayó bañada en sangre. -
Señor, mi vida por la victoria de los cristianos... Y
el Señor la escuchó, porque el triunfo fue completo...
Alí, malherido, agonizante, pidió al jefe cristiano ver por última vez a la cautiva de la torre antes de morir. - Nada conseguirás -respondió un moro de su
escolta-. Desde tu marcha, se tapio la puerta de su cárcel y oí la orden
de no volver a llevarle ni agua ni alimento. Después de tantos meses,
bien muerta estará la infeliz. -
Imposible; a un ángel así no puede haberla abandonado su Dios... - General cristiano, ya que has vencido, sé
generoso con un moribundo. Déjame ver a la cautiva de la torre antes de
morir. - Concedido - dijo el
general. Con el mayor cuidado
transportaron a Alí hasta la misma puerta de la cárcel de la cautiva.Tiraron el tabique que la interceptaba, oyéndose
unos débiles gemidos. El bello rostro de Alí, ya sellado con los rastos
de l muerte, se iluminó, y un rayo de esperanza animó el enamorado corazón,
acelerando sus latidos. - ¡Oh,
podedoroso Dios de los cristianos! ¡Si la veo viva antes de morir,
abrazaré tu religión...! Abierta la
entrada, vieron a la joven, caída junto a la ventana, bañada en sangre,
desvanecida. -¡Vive! - exclamó Alí
gozoso. Pasaron dentro de la prisión, incorporaron a la
joven, echándole unas gotas de licor en la boca, y doña Elena abrió los
ojos.- ¡Gracias, Dios mío! -
dijeron a la vez Ali y la cautiva. -
Reconocí rápidamente a la joven - dijo el primero que había pasado, que
era médio -. No es de gravedad la herida y curará. Se desvaneció por la
pérdida de sangre, pero curará... Tú estás bastante peor. - Nada me importa morir, con tal que ella viva. Y
ahora, oídme todos. Sé que me quedan poco tiempo de vida. Veo claramente
que encontrar viva a doña Elena es un milagro, un prodigio, que sólo
Dios puede hacerlo. Ninguna criatura viviría, después de varios meses
lapidada. "¡Creo en el Dios de los cristianos...!" - Querido hermano Alí, mis ruegos han sido
constantes por vuestra conversión... -
¿Cómo has sobrevivido...? - Un
cuervo me ha traído diariamente un pan a mi celda. Y el cántaro ha
conservado el mismo nivel de agua. Ya veis: me alimentó la Providencia. - Antes de morir quisiera ser cristiano. Así me
podré reunir contigo en la otra vida, ya que no ha podido ser en ésta. - Sea - dijo la cautiva, viendo que se moría. - No hay ningún sacerdote - dijeron los vencedores. - Yo misma lo bautizaré - dijo doña Elena -. ¿Qué
nombre queréis, Alí?- El de tu ser
más querido. - Entonces, como mi
padre. Y doña Elena, derramando el
agua en forma de cruz sobre la cabeza del moribundo, pronunció las
palabras textuales ante aquella multitud: -
Yo te bautizo, Alfonso, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Instantes después, con una
sonrisa celestial, su alma volaba al Cielo. Solemnes exequias se hicieron por el alma del hijo
del Caíd, muerto cristiano. Se le
dio honrosa sepultura. Y el epitafio que se le puso en su tumba fue: "El valiente capitán Alí, subió al cielo por
la mano de un ángel."
Doña Elena profesó en un convento. No dice más la
leyenda.Lo único que se ha conservado y
perpetuado en la memoria popular es que al conquistar la plaza de La Mota
los cristianos, por mucho tiempo se llamó al edificio donde estuvo
prisionera doña Elena, "La torre de la cautiva". Y al
pueblo de La Mota se le agregó "del Cuervo", en
recuerdo de la oscura avecilla que diariamente llevó al amanecer durante
varios meses, un poco de pan a la cautiva.
Leyenda de Cuenca
(Mota del Cuervo)
http://www.webzarco.com/mancha/mota/gente/leyendas.htm
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