El Puente de la llorosa. 

 

Esta Leyenda la aporta Paleto, y está en uno de sus libros de leyendas que tiene publicado y que, haciendo gala de su amor por el folklore, nos deja publicar casi en totalidad. El estilo me parece ameno e insuperable.

Hoy he soñado con leyendas. He recibido una muy interesante, sobre mi pueblo, Aibonito. Prosa viva de tiempos del pasado. De voz en voz, de pueblo en pueblo. Créame, o no me crea, en realidad, esto puede ser una creación de la imaginación. Una roca pequeña, agua, amor o palabras lanzadas al tiempo.
-Amo, ¿ y usted es de Aibonito?
-¡Sí, Nací en el Barrio Cuyón!
- Un jíbaro auténtico. ¡Oiga!, cuénteme una leyenda de Aibonito.
-¡Umjú! Bueno, te voy a contar la leyenda, El Puente de la Llorosa, obtenida del libro, de Dulce María Fuentes Arco iris de Leyendas, cuentos y poesías.
-Ji, Ji, Ji, Ji, Ji... Yo había escuchado parte de la leyenda antes
-La leyenda cuenta, que mucho, mucho tiempo, hubo una lluvia torrencial, de varios días en todo Aibonito.
-Amo, dicen que llovió en toda la isla por varios días.
-¡No tanto Paleto!
-Bueno así dice la leyenda. ¿Y que sucedió?
-Bien, una tarde que una doncella regresaba a su casa.
-¿Del trabajo, Amo?
-¡Sí, No interrumpas, Amigo! Blisinia Albey, que así, se llamaba la doncella, regresaba a su casa de sus padres.
- Era empleada doméstica, verdad.
-Paletoo, si. En realidad venía caminando a pie, como de costumbre, pues en aquellos tiempos no había autobús públicos. Llevaba a su hijo Paulino a la cintura y un paquete de ropa en la cabeza.
Blisinia vivía en un sector de familias pobres que trabajaban en el cultivo del tabaco, y otros productos agrícolas. Estas familias llegaron a Aibonito de diferentes lugares, en busca de trabajo.
-Oiga, yo se más sobre el hijo de Blisinia. Cuenta la leyenda, que Lorenzano había llegado a la barriada procedente del sector Abejas en busca de sus familiares y trabajo y fue allí que vio a la bella joven por primera vez, y que al verla se enamoró perdidamente de ella.
-Sí, esta hermosa joven, alta, trigueña, y de buen porte también, se enamoró del joven y bien parecido Lorenzano.
-¡Cuénteme! ¡Cuénteme!
-Una noche, ésta se escapó con el joven Lorenzano.
-¡Se la llevó, como decía antes en el campo!
-¡Sí, Paleto! se la llevó para un pueblo costero. Pasaron varios meses, y un día Blisinia regresó a casa de sus ancianos padres, embarazada sufriendo y enferma. Pasando el tiempo nació su hijo, al que llamó Paquito. Una tarde, en que regresaba a su casa al llegar al puente se detuvo. Se sentó en uno de los muros y en un descuido su niño cayo al río y la corriente se lo llevó. Por más que ella gritó, pidiendo socorro nadie la oyó.
Se dice que cuando Lorenzano regresó, ya todos habían muerto.
-¿Quiénes, Amo?
-A Blasinia, su niño, sus padres y toda la familia. Lorenzano al no encontrar a nadie, decidió marcharse. Al pasar por el puente, justamente debajo, en la alcantarilla encontró un niño que lloraba de hambre.
Buscó dentro de una bolsa que llevaba y sacó un pedazo de pan y empezó a mojarlo con su boca y ya blandito se lo dio al niño. Este lo miró con ojos grandes y le dijo, “No me mojes el pan porque no tengo dientes”. En, ese momento vio que el niño tenía una boca grandísima y unos dientes grandes. Estos parecían bastones.
-¡Jesús Amo!
-Eso mismo dijo Lorenzano. ¡Jesús si éste es Satanás!
Y el fenómeno desapareció en el puente. Se cuenta que en el lugar todavía, a medianoche, a veces se oye una mujer llorando por su hijo.
Aquella mañana después de contar esta triste y misteriosa leyenda nos fuimos a celebrar el Centenario de La Iglesia de Aibonito. Allí compramos el plato conmemorativo para cooperar.