|
De Laín Calvo y Nuño Rasura, los jueces que
personificaron un grave enfrentamiento castellano contra los reyes de León,
vino el linaje de Rodrigo de Vivar. Su padre fue Diego Laínez, su
madre Teresa Núñez y su padrino un clérigo llamado Pedro
Pringos.
Siendo muchacho, Rodrigo escogió un potro que no era el más
hermoso de todos, por lo que su padrino se burló de él. El
potro provenía de la comarca leonesa de Babia y Rodrigo le puso el
nombre Babieca.
Bajo el cuidado de su padrino, de su padre y de otros caballeros,
Rodrigo llegó a convertirse en un guerrero temible. Un día,
mientras recorría el condado de Castilla en busca de aventuras, Rodrigo
se encontró con el conde de Gormaz. Ambos caballeros se retaron en
duelo, y el conde perdió la vida en la pelea.
La condición de gran luchador de Rodrigo se hizo aún
más notoria poco después, con ocasión de invadir cinco
reyes moros el oriente castellano. Los reyes moros se hicieron con numerosos
cautivos y muchas cabezas de ganado, pero en Montes de Oca, cuando regresaban
a sus reinos, les salió al paso Rodrigo con el ejército cristiano
que había conseguido reunir y derrotó completamente a los invasores,
aunque permitió que los cinco reyes regresasen a sus tierras tras
reconocerse vasallos y tributarios suyos.
Ya era famoso el nombre de Rodrigo en la corte cuando Jimena Gómez,
la hija menor de aquel conde Gómez, señor de Gormaz que había
muerto en duelo frente a él, llegó ante el rey para pedirle
que le diese a Rodrigo por esposo, en compensación del padre que el
joven caballero le había quitado. El rey avisó a Rodrigo de
que debía presentarse ante él, y así lo hizo Rodrigo,
acompañado de cuatrocientos caballeros, unos vasallos suyos y otros
de sus parientes y amigos.
El rey recibió a Rodrigo con mucha solemnidad, lo que suscitó
la envidia de ciertos nobles. Luego, el rey le comunicó a Rodrigo
que Jimena Gómez, hija del conde de Gormaz, a quien había quitado
la vida, estaba dispuesta a perdonarle siempre que se casase con ella. El
rey añadió que el se sentiría muy complacido de tal
boda y que le concedería a Rodrigo muchas mercedes. Rodrigo repuso
que, como leal vasallo, obedecería al rey en todo lo que le mandase.
El obispo de Palencia casó a Rodrigo de Vivar y a Jimena Gómez,
y el rey, tras celebrar las bodas con muchos festejos, les regaló
tierras que acrecentaron las que tenían. Luego Rodrigo, sin consumar
el matrimonio, llevó a Jimena a casa de su madre, donde la dejó,
con la promesa de vencer en cinco batallas campales antes de hacerla su mujer.
Y se preparó para marchar a la frontera con los moros.
Mas la primera pelea en la que le correspondió participar
no iba a tener a los moros como adversarios, sino al rey de Aragón,
que disputaba con el de León, señor de Rodrigo, la propiedad
de Calahorra. Así, en nombre de su rey, Rodrigo debía enfrentarse
a Martín González, campeón de los aragoneses.
Mientras se determinaba la fecha del combate, Rodrigo decidió
peregrinar a Santiago, y en el camino no dejaba de dar limosna a los mendigos
y ayudar a los necesitados. Siguiendo su peregrinación, un día
encontró un leproso atrapado en un tremedal, que pedía ayuda
a voces. Rodrigo no solo salvó al leproso sino que, montándolo
en su caballo, lo llevó a su posada y lo sentó a su lado, entre
sus caballeros, y le dio de comer de su mismo plato, lo que molestó
mucho a los demás comensales, que se retiraron. Luego, Rodrigo se
llevó al leproso a su alcoba y, tras mandar preparar una cama, se
acostó con él.
Cuentan los juglares que, a la media noche, cuando Rodrigo dormía,
sintió a sus espaldas un fortísimo resoplido, pero que al volverse
no encontró al leproso que debía de estar compartiendo su lecho.
Más tarde, desvelado por la extraña desaparición, recibió
la visita de un hombre vestido con una túnica luminosa. Aquel hombre
resultó ser san Lázaro, que había tomado la figura del
leproso. Le dijo que, por haber encontrado en Rodrigo tanta caridad, Dios
le había concedido el don de sentir en las espaldas aquel fuerte resoplido
que lo había despertado, siempre que la empresa que fuese a acometer
tuviese visos de terminar felizmente.
Y con aquel buen augurio, Rodrigo de Vivar continuó su peregrinación,
llegó a Compostela, luchó en su día contra Martín
González y lo derrotó y salió victorioso de todos los
combates que se había impuesto como prueba antes de estrechar el amoroso
cuerpo de Jimena Gómez y emprender las nuevas empresas que acabarían
otorgándole el sobrenombre de Cid Campeador.
|