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Incendio de Santa María |
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En tiempos de la dominación árabe, los descendientes de Abd-el-Aziz, edificaron en lo que hoy llamamos Villavieja que era lo menos montañoso de Alicante, una rica mezquita venerada por los moradores de todas las aldeas circunvecinas. El Rey D. Alfonso X el Sabio, al suceder en el trono de Castilla a su padre Fernando III �El Santo�, expulsó definitivamente a los moros que aún quedaban en Alicante y pobló la villa de caballeros, hidalgos y mercaderes, todos ellos cristianos viejos. En 1265, hallándose en Alicante el Infante D. Manuel, hermano del Rey, se purificó en su presencia la Mezquita árabe, consagrándola desde entonces a la Virgen, Nuestra Señora de Santa María. Casi dos siglos después, el 31 de agosto de 1446 un pavoroso incendio redujo la Iglesia completamente a cenizas. Los sirvientes del templo, al apagar los cirios que había acompañado aquella noche al Viático, debieron dejar, por descuido, algunos pábilos encendidos, los cuales prendieron fuego a la cubierta del Altar. Voló la llama y cebándose en las cortinas y en todos los altares creció hasta llegar al órgano cuyas secas maderas fueron devoradas al instante. El aire fresco de la noche avivó el incendio que, sin ser observado creció en voracidad. Los centinelas del Castillo de Santa Bárbara, fueron los primeros que vieron, cerca de media noche, el resplandor de las llamas que salía por las claraboyas del Templo. Pero, por pronto que dieron aviso, cuando la población entera se dirigió en tropel a atajar el incendio era ya tarde. El techo de la capilla principal, calcinado por el fuego, se había desplomado y hasta el magnífico candelabro de bronce de siete brazos que poseía la Parroquia, se derritió completamente. Las llamas se extendieron por todas partes y la multitud quedó pasmada a las puertas del edificio sin atreverse a dar un solo paso. Los que al día siguiente se atrevieron a entrar, con gran riesgo de sus vidas, sólo pudieron salvar un pequeño retablo del descendimiento de Cristo y una cajita de plata que contenía tres Hostias consagradas que milagrosamente estaban intactas. Y aquí empieza la leyenda, prodigio, misterio o milagro, porque lo que también pudieron comprobar inmediatamente fue que la Virgen sentada con el Niño en su regazo, que estaba en la Iglesia, había desaparecido. Los marineros que vieron el incendio desde la playa en sus barcas, aseguraban que cuando mayo era la fuerza del fuego, la vieron salir por los aires portada por una ángeles, hasta que se perdió su rastro en el firmamento. Efectivamente no estaba ni quemada ni salvada del fuego, había desaparecido. Los pescadores habían venido corriendo hasta Santa María para relatar el hecho, pero nadie les creyó hasta que todos pudieron comprobar la misteriosa desaparición, la cual causó un gran desconsuelo pues era una Virgen que concitaba gran devoción entre los alicantinos.
El pastor quedó mudo de asombro, mas rehaciéndose al pronto, contestó a la Señora, que si bajaba al pueblo y contaba aquello, nadie le creería. Entonces la Virgen, sonriéndole dulcemente le respondió: �Vé, confía en mí, lo que digan tus labios, lo confirmarán tus brazos. Y para que así se cumpla, te devuelvo el brazo que te falta�. Bajó el pastor, loco de alegría, gritando y pregonando lo sucedido y mostrando como prueba irrefutable, su recuperado miembro. Al ver aquello, el pueblo todo se puso en romería, llegando al lugar donde se les indicaba, encontrándose con una imagen de la Virgen, medio quemada, que al momento relacionaron con la que, según noticias llegadas desde Alicante, fue salvada de las llamas milagrosamente. A su vez, los vecinos de Alicante consternados por la catástrofe y deseando repararla a toda costa, recurrieron a la generosidad del Rey, y bajo sus auspicios y gracias también a los donativos y limosnas de toda la población, reedificaron el templo en la misma forma que aún conserva en nuestros días. Pero, les faltaba la Virgen, y sabedores de que en la cercana población de Agres había aparecido una imagen que podría ser la desaparecida en Alicante, algunos vecinos y autoridades se acercaron hasta Agres, en plena Sierra de Mariola, para comprobar la veracidad de los hechos y en su caso afirmativo, tratar de recuperarla. Pero la Virgen había hecho ya muchos milagros en Agres, la habían nombrado Patrona del Pueblo y le estaban construyendo una Ermita. Por tanto, no quisieron devolverla. Hoy en día, cuando visites la Ermita de Agres, podrás comprobar en un bello mosaico , que adorna una lateral del Altar de la Virgen, todo lo que cuenta ésta leyenda. Azulejos, que hoy, constituyen una pieza artística valiosísima, desde el punto de vista histórico. El incendio, la desaparición y la aparición, cuya leyenda aquí contamos, seguramente es lo que daría fundamento a aquel dicho, que se aplica en ésta zona de la montaña de Alicante, cuando crees que una persona está y no la encuentras y por el contrario la hallas y no la esperas, es aquello de �Pareixes la Mare de Deu d�Agres, que apareéis i desapareix�. |