Las Chovas y la Vera Cruz.


Esta iglesia se encuentra situada entre Segovia y Zamarramala. En una ocasión, Azorín, el escritor que tan bien la describió, dijo de ella que no tiene par.
Unica de su estilo en toda España, esta situada en el arrabal de San Marcos. Fue construida en el siglo XIII por la Orden del Santo Sepulcro (Caballeros Templarios), pero cuando en 1530 el Papa ordenó la unión de esta orden a la de Malta, la iglesia pasó a esta última Orden Militar y Hospitalaria, que la mantuvo hasta el año 1836, cuando se llevó a cabo la desamortización y se disolvieron las Ordenes Militares. La iglesia consta de una sola nave que gira en torno a un edículo central. La planta es un polígono de doce lados. En 1951 fue devuelta a la Orden de Malta que la restauró, descubriéndose en sus muros antiguas pinturas muy interesantes. Este templo es Monumento Nacional desde 1919. 

Los Caballeros Templarios no podían desprenderse de su voto caritativo y caballeresco, aunque se despojaran del hábito blanco con la cruz sobre el pecho que vestían y se dedicaran a cuidar a sus familias, sus obligaciones seguían en pie. Durante toda su vida tenían que continuar defendiendo la Santa Cruz y protegiendo a los débiles.
De aquellos tiempos data la leyenda que os voy a referir, como me la contó a mí mi abuela, un día que paseabamos por esos lugares.
Las chovas son unos pájaros negros, parecidos a los grajos, o quizás mejor a los cuervos. Son muy ruidosos y carniceros. Abundan por los alminares castellanos, y posan en apretada fila en las almenas de los castillos, en las torres de las iglesias y en los árboles. En las afueras de Segovia son abundantísimos. Invaden el campo y los paseos. A veces son tantos los que cruzan en bandadas, que los niños se asustan y corren a esconderse entre brazos maternos. No es extraño, porque son muy feos, y en cuanto conozcais la leyenda de que son protagonistas, os lo parecerán aún más...

--"Esta es la iglesia de la Vera-Cruz, en donde las chovas llevan siglos sin posarse"-

Era una tarde dorada de primavera. Sí, dorada, porque en Segovia la tarde puede dorarse, ya que la luz de esta ciudad es como un velo mágico que la envuelve, para después irla descubriendo poco a poco, y dejar que se vuelva gris piedra. Menos su cielo, que de claro y esplendoroso pasa a ser rosa, azul y blanco, en una mezcla de singular belleza que han cantado todos los pintores y poetas que visitaron la ciudad.
En esa tarde de las que os hablo, bajaban los Caballeros Templarios a caballo, por una cuesta empinada, con trote enardecido y veloz. Atrás quedaba la mole del Alcázar, que resplandecía al sol. Corrían porque les habían avisado de que una partida de bandoleros estaba ante la Vera-Cruz y ellos iban decididos a defenderla.
No tardaron en divisar a los atacantes, que intentaban forzar la entrada de la iglesia, mientras dos hombres, con las espadas desenvainadas, cortaban el camino. En unos minutos éstos fueron arrollados, quedando el paso franco.
Los Templarios llegaron justo en el preciso momento en que los goznes de hierro de la puerta acababan de ceder. Y todo fue entrechocar de espadas, ruidos de cascos y ayes mezclados con rezos y juramentos. Mientras, dentro de la iglesia y apiñados junto al sagrario, los monjes rezaban.
Al fin, los Templarios lograron poner en fuga a los bandidos, pero allí, junto a la defendida puerta, quedó tendido el mejor de ellos, con una espada clavada en el pecho.
--"¡Santa María!...¡Me muero!...¡Valedme, por Dios!"
Los monjes dejaron sus rezos y salieron presurosos al camino polvoriento y ensangrentado. El Prior llegó a tiempo de escuchar la petición de perdón del moribundo.
--"Recíbate Cristo, que te ha llamado, y llévente sus ángeles al Seno de Abrahám"
Los Caballeros Templarios, arrodillados, contemplaban la triste escena. Uno de ellos hizo al padre Prior este ruego:
--"¿Podría quedarse aquí nuestro compañero muerto? Debemos avisar a su familia y disponer todo para el entierro"
Después, los Caballeros Templarios marcharon a galope triste por el camino que conducía a Segovia. El eco repetía su triste canto:
"Salir y oír los pregones
cómo dicen muera, muera;
salir y oír la carrera
toda de sangre bañada.
Y veréis qué lastimada
iba la Virgen María.
Salir en su compañía,
ayudarla a caminar.
Que a todos llama y convida
con su soberana luz,
cristiano, a llevar la cruz por bandera
y hoy seréis mi medianera por orar"
(Los pregones. De Basilisa Serrano. Valverde del Majano)

El Alcázar, desprovisto ya del baño solar, parecía ahora un palacio encantado, surgiendo de entre el follaje oscuro. Las campanas de la catedral empezaron a tocar pausadamente. Mientras, los monjes, presurosos, corrieron a preparar la iglesia. No tardó mucho el caballero muerto en estar tendido al pie del altar, entre grandes hachones de cera. Su cuerpo descansaba sobre un paño negro con esquinas doradas. Los monjes, a su alrededor, rezaban latines encomendándole a Dios. Después, uno de ellos, abrió los ventanales para que el aire fresco de la noche renovara el enrarecido de la iglesia.
A continuación, con el padre Prior a la cabeza, en blanca hilera, marcharon los monjes a clausura, antes de empezar la vela junto al cadáver, que no se interrumpiría en toda la noche.
¡Ay, qué horror cuando volvieron! Los monjes corrían y gritaban espantados por el interior de la iglesia porque el Caballero Templario muerto era ya un esqueleto cubierto por el manto negro de chovas hambrientas, que se habían introducido por los abiertos ventanales.
El Prior, horrorizado, al ver la maldad de aquellas aves, subió al púlpito y les dijo:
--"Yo os maldigo, chovas repugnantes, por haber profanado este santo lugar. Y en castigo a vuestra infame acción, ni vosotros ni vuestros descendientes, mientras los siglos sigan sucediéndose, volveréis a posaros en la torre y en el tejado de nuestra iglesia."

Y los habitantes de Segovia y los vecinos de Zamarramala y yo mísmo, aseguramos que jamas hemos visto posarse sobre la Vera-Cruz chova alguna. Los turistas, por mas que han intentado poder desmentirnos, no lo han conseguido.
Las chovas dan vueltas y revueltas, pero terminan alzando el vuelo para instalarse en lugares cercanos. Quizás oigan todavía la voz enfurecida de mi tatatarata-abuelo que maldijo a sus abuelos que sufrieron un castigo, merecido, por los siglos de los siglos...


Argandeo nos aportó esta magnífica leyenda, dos veces. ;)