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El águila
y la cuerda.
Una mañana,
un águila joven decidió darse su matutino paseo. En su curso encontró
un rebaño de ovejas que le miraban planear, el águila, vanidosa, siguió
y siguió volando sobre las reses lo que vino a preocupar en gran modo
al pastor que de decidió a cazar al águila. Para esta empresa ató dos
piedras a ambos extremos de una cuerda y la lanzó atrapando las patas
del águila y haciéndola caer.
Como castigo al águila el pastor aprisionó la cuerda entre dos piedras
de gran tamaño y marchó de allí llevándose a su rebaño.
El águila intentó volar pero vio que no podía. Empezó a picar la cuerda,
un rato después intentó volar, no pudo, estaba atada. De nuevo picó y
picó la cuerda e intentó volar, pero el intento fue vano. El águila empezaba
a sentir hambre. Picó de nuevo la cuerda e intentó volar pero era presa
de una fuerza mayor que la que tenía. Empezaba a desfallecer. Picó aún
más la cuerda e intentó volar, no pudo. Las patas le dolían de los tirones.
Decidió dejarse morir, convencida de que jamás podría vencer a la cuerda.
El águila murió sin saber que de esa cuerda ya sólo quedaba un último
hilillo por romper, y que lo habría logrado sólo con un último golpe
de su pico.
Moraleja: No hay que dejarse vencer por las dificultades por muy cansados
que no sintamos, pues podemos estar a punto de vencerlas.
Esta leyenda la cuento desde la memoria y la oí al amor de
un fuego de campamento.
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